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giovedì 3 maggio 2012

di Maria Josè Duran

HISTORIA DEL 14 DE ABRIL

La II República fue un periodo de la historia de España que comenzó el 14 de abril de 1931. Aquel día, muchos habitantes de las principales ciudades del país manifestaron una gran alegría. Ese periodo finalizó por la más cruel experiencia posible entre compatriotas: una guerra civil. La Guerra Civil española (1936-1939) puso fin a la II República y al intento de convertir España en un país moderno y democrático.

El 12 de Abril de 1931, cuando en España reinaba Alfonso XIII, se celebraron unas elecciones municipales que resultarían fundamentales para la historia de España. En ellas, los republicanos y los socialistas obtuvieron buenos resultados en las principales ciudades del país. Alfonso XIII pensó que los españoles no querían que siguiera la monarquía; por eso, se marchó de España y renunció a la corona. Muy poco tiempo después, el 14 de abril de 1931, se proclamaba la República

Hasta la aprobación de la Constitución de 1931 se estableció un gobierno provisional, presidido primero por Alcalá Zamora y luego por Azaña. Con este último se inició una clara laicización del Estado, en tanto se intentaba solucionar el problema campesino (Ley de Reforma Agraria, 1932) y se concedía a Cataluña un estatuto autonómico (1932), en abierta oposición política y económica con la derecha. Los gobernantes republicanos, dotados de un amplio respaldo democrático tras las primeras elecciones parlamentarias, parecían en condiciones de poner en marcha o acelerar muchos de los procesos de modernización política y socioeconómica por los que venían clamando desde hacía décadas las mentes más lúcidas del país: una reforma del sistema representativo, que terminara con las lacras del caciquismo y consolidara un sistema de partidos de masas; un nuevo modelo de Administración civil y militar, que dotara al Estado de mayor eficacia y que, al tiempo, lo descentralizara, abriendo paso a procesos de regionalización y autogobierno; un nuevo marco de relaciones laborales, que mejorara las condiciones angustiosas de gran parte de la población asalariada; una reforma agraria, que satisficiera las demandas de tierra del campesinado y facilitara la racionalización de la agricultura; procesos de secularización, que pusieran fin al tradicional contubernio entre la Iglesia católica y el Estado monárquico.

La intentona insurreccionista de Sanjurjo (agosto de 1932) fracasó. La victoria de la derecha en las elecciones legislativas de noviembre de 1933 marcó un total retroceso en las reformas que se habían llevado a cabo anteriormente respecto a temas tan importantes como la Iglesia, la reforma agraria y el ejército. La entrada de cedistas en el gobierno radical de Lerroux motivó los alzamientos revolucionarios de Asturias y Cataluña en octubre de 1934 y la consiguiente represión.

En las elecciones de febrero de 1936 triunfó el Frente Popular, grupo que estaba formado por casi todos los partidos republicanos y de izquierdas, que se habían presentado unidos. Entre ellos, Acción Republicana (el partido de Manuel Azaña), el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Comunista de España (PCE). La República formó un gobierno de concentración con el socialista Largo Caballero al frente, en busca de apoyo internacional. solo la U.R.S.S. y las brigadas internacionales ayudaron a la República; el Comité Internacional de No Intervención impidió la colaboración con los bandos enfrentados, pero Alemania, Italia y Portugal apoyaron al bando nacionalista.

Así, en julio de 1936, se produjo el golpe militar que dio comienzo a la Guerra Civil española (1936-1939). Durante el enfrentamiento, hubo tres presidentes del gobierno republicano: José Giral (1936) y los socialistas Francisco Largo Caballero (1936-1937) y Juan Negrín (1937-1939).

El fracaso del golpe militar desencadenó en la zona republicana una verdadera revolución social.

Los comités de los partidos y sindicatos obreros pasaron a controlar los elementos esenciales de la economía: transportes, suministros militares, centros de producción. Mientras el gobierno se limitaba a ratificar legalmente lo que los comités hacían de hecho. En el campo, tuvo lugar una ocupación masiva de fincas. Las grandes propiedades y, en algún caso, las medianas y pequeñas. En las zonas donde predominaban los socialistas se llevó a cabo la socialización de la tierra y su producción. En las zonas de hegemonía anarquista tuvo lugar una colectivización total de la propiedad. En algunos casos, se llegó incluso a abolir el dinero.

En septiembre de 1936 se estableció un gobierno de unidad, presidido por el socialista Largo Caballero y con ministros del PSOE, PCE, Izquierda Republicana y grupos nacionalistas vascos y catalanes. En noviembre se incorporaron cuatro dirigentes anarquistas, entre ellos Federica Montseny, la primera mujer ministro en España.

El gran desafío del nuevo gobierno era recuperar el control de la situación y crear una estructura de poder centralizada que pudiera dirigir de forma eficiente el esfuerzo de guerra. La tarea era enorme difícil. El poder estaba en manos de miles de comités obreros y milicias que a menudo se enfrentaban entre sí, especialmente los anarquistas con socialistas y comunistas. Los gobiernos autónomos eran otro factor de disgregación. No sin dudas, el nacionalismo vasco había optado por apoyar la República y en octubre se aprobó el Estatuto vasco. Jose Antonio Aguirre se convirtió en el primer lehendakari o presidente del gobierno autónomo.

En la zona republicana se enfrentaron básicamente dos modelos. Por un lado, la CNT-FAI y POUM que emprendieron la inmediata colectivización de tierras y fábricas. Su lema era "Revolución y guerra al mismo tiempo". Su zona de hegemonía fue Cataluña, Aragón y Valencia. Por otro lado, el PSOE y el PCE intentaron restaurar el orden y centralizar la toma de decisiones en el gobierno, respetando la pequeña y mediana propiedad. Su lema era "Primero la guerra y después la revolución".

spagna-repubblicanaLas disensiones internas fueron continuas y llegaron a su momento clave en Barcelona en mayo de 1937. El gobierno de la Generalitat, siguiendo instrucciones del gobierno central, trató de tomar el control de la Telefónica de Barcelona, en manos de un comité de la CNT desde el inicio de la guerra. El intento desencadenó una insurrección y los combates callejeros se extendieron por Barcelona.  La crisis de Mayo de 1937, provocó la dimisión del gobierno de Largo Caballero. El nuevo gobierno presidido por el socialista Negrín, tenía una mayoría de ministros del PSOE, pero se inclinaba cada vez más hacia las posturas defendidas por el PCE. La ayuda soviética había hecho que los comunistas pasaran de ser un grupo minoritario a una fuerza muy influyente. Los enfrentamientos entre stalinistas y trostkistas se re reprodujeron en suelo español. El POUM fue ilegalizado y su dirigente, Andreu Nin, "desapareció" estando en manos de agentes soviéticos.

Aunque ya era tarde para cambiar el signo de la guerra, a partir de ese momento se impuso una mayor centralización en la dirección de la economía y se terminó de construir el Ejército Popular, acabando con la indisciplina de las milicias. A partir de marzo de 1938, momento en el que las tropas de Franco llegaron al Mediterráneo y dividieron en dos la zona republicana, surgieron de nuevo dos posturas enfrentadas. Mientras la postura oficial, representada por Negrín y apoyada por el PCE y parte del PSOE, seguía defendiendo la "resistencia a ultranza", algunos dirigentes, anarquistas y socialistas, empiezan a hablar de la necesidad de negociar ante la perspectiva de la segura derrota.

Los acontecimientos internacionales: el Pacto de Munich en septiembre de 1938, la retirada de las Brigadas Internacionales, la disminución de la ayuda soviética; y los internos: la caída de Cataluña, reforzaron la idea de que la guerra estaba perdida. Así, en marzo de 1939 el golpe del coronel Casado desalojó del poder a Negrín. La esperanza de negociar con Franco se disipó inmediatamente, cuando el dictador exigió la rendición incondicional.

giovedì 8 marzo 2012

Alexandra Kollontai*, 1913
*rivoluzionaria sovietica, femminista e prima donna al mondo che abbia avuto incarico di Ministro e Ambasciatrice: per saperne di più.

Cos'è il giorno della donna? E' realmente necessario? Non è una concessione alle donne della classe borghese, ai movimenti femministi e alle suffragette? Non è dannoso all'unità del movimento operaio? Di queste questioni si sente ancora discutere in Russia, sebbene all'estero non se ne parli più. La vita stessa ha già dato una risposta chiara ed eloquente.

Il giorno della donna è un anello della catena lunga e compatta del movimento operaio delle donne. L'esercito organizzato delle donne lavoratrici cresce di giorno in giorno. Venti anni fa i sindacati operai contavano soltanto piccoli gruppi di donne sparpagliate qua e là tra la fila del partito dei lavoratori...Ora i sindacati inglesi contano più di 292.000 donne sindacaliste, in Germania ci sono circa 200.000 sindacaliste e 150.000 iscritte al partito dei lavoratori, in Austria 47.000 nel sindacato e 20.000 nel partito. Ovunque, in Italia, in Ungheria, in Danimarca, Svezia, Norvegia e Svizzera le donne della classe operaia si stanno organizzando fra loro. L'esercito delle socialiste conta quasi un milione di membri. Una forza poderosa! Una forza con cui i potenti del mondo devono fare i conti quando si pone sul tavolo il tema del costo della vita, dell'assicurazione della maternità, di lavoro infantile o di legislazione per proteggere il lavoro femminile.

Una volta i lavoratori uomini pensavano di dover caricare esclusivamente sulle proprie spalle il peso della lotta contro il capitale, di dover affrontare il "vecchio mondo" senza l'appoggio delle loro compagne. Tuttavia, appena le donne della classe operaia entrarono nelle fila di coloro che vendevano la propria forza lavoro in cambio di un salario, costrette ad entrare nel mercato del lavoro per necessità, perché il padre o il marito erano disoccupati, gli operai iniziarono a rendersi conto che lasciare le donne senza una coscienza di classe voleva dire danneggiare la propria causa e farla arretrare. Maggiore il livello di coscienza nella lotta, maggiori le possibilità di successo. Che coscienza può possedere una donna seduta accanto al focolare, senza diritti nella società, nello stato e nella famiglia? Nessuno, fa quel che le ordina il padre o il marito...

Il ritardo e la mancanza di diritti subiti dalle donne, la sua sottomissione e la sua indifferenza non sono di alcun beneficio alla classe operaia, anzi di fatto la danneggiano direttamente. Ma in che modo la donna entrerà nella lotta, come svegliarla?

La socialdemocrazia non ha trovato una soluzione immediata. Le organizzazioni operaie erano aperte alle donne, ma solo in poche lavoravano. Perché? Perché la classe lavoratrice inizialmente non si era resa conto che la donna era l'elemento più socialmente e legalmente svantaggiato di quella classe, che più era stata colpita nel corso dei secoli, intimidita e perseguitata, che per stimolare il suo cuore e la sua mente aveva bisogno di un approccio speciale, di parole che lei, in quanto donna, potesse capire. I lavoratori non avevano compreso subito che in questo mondo di diritti negati e sfruttamento, la donna è oppressa non solo come lavoratrice, ma anche in quanto moglie e madre. Tuttavia, non appena i membri del partito socialista operaio si sono resi conto di ciò, hanno fatto loro la lotta per la difesa delle lavoratrici, come salariate, madri e mogli.

In ogni paese i socialisti cominciavano a domandare una protezione speciale per il lavoro femminile, un'assicurazione per le donne e i loro figli, diritti politici per le donne e la difesa dei loro interessi.

Più il partito operaio percepiva in maniera chiara la dicotomia donna/lavoratrice, più ansiosamente le donne si univano al partito, apprezzavano il ruolo del partito come vero difensore delle loro istanze, comprendevano che la classe lavoratrice lotta anche per i bisogni urgenti ed esclusivi delle donne. Le stesse donne lavoratrici, organizzate e coscienti, hanno fatto tantissimo per spiegare questo obiettivo. Ora il peso del lavoro per attirare le lavoratrici nel movimento socialista sta nelle lavoratrici stesse. I partiti in ogni paese hanno i loro comitati, segretariati e bureau di donne. Questi comitati lavorano tra quella popolazione di donne politicamente ancora non cosciente, ne aumenta la coscienza e la organizza. Prendono anche in esame le questioni che riguardano direttamente le donne: la protezione per le donne incinta e con figli, la regolazione legislativa del lavoro femminile, la campagna contro la prostituzione e la mortalità infantile, la richiesta dei diritti politici per le donne, il miglioramento delle assegnazioni degli alloggi, la campagna contro l'aumento del costo della vita, etc.

Così, come membri del partito le donne lavoratrici lottano per la causa comune di classe, mentre allo stesso tempo delineano e pongono in questione quelle necessità e istanze che le toccano direttamente in quanto donne, mogli e madri. Il partito appoggia queste istanze e si batte per loro....Le rivendicazioni delle lavoratrici sono parte della causa comune dei lavoratori!

Nel giorno della donna, le dimostranti manifestano per i loro diritti!

Ma qualcuno dirà: perché separare la lotta delle donne? Perché esiste un giorno della donna, con speciali volantini per le lavoratrici, incontri e conferenze? Non è questa, in ultima analisi, una concessione alle femministe e alle suffregette borghesi? Solo coloro che non comprendono la differenza radicale tra il movimento delle donne socialiste e le suffragette possono pensarla così.

Qual è lo scopo delle femministe? Ottenere nella società capitalista gli stessi vantaggi, lo stesso potere, gli stessi diritti che possiedono adesso i loro mariti, padri e fratelli. Qual è l'obiettivo delle operaie socialiste? Abolire tutti i tipi di diritti che derivano dalla nascita o dalla ricchezza. Per la donna operaia è indifferente se il suo padrone è un uomo o una donna.

Le femministe borghesi domandano l'uguaglianza dei diritti sempre e in ogni luogo. Le lavoratrici rispondono: rivendichiamo gli stessi diritti per tutti i cittadini, uomini e donne, ma noi non siamo soltanto donne e lavoratrici, siamo anche madri. E come madri, come donne che un giorno avremo un figlio, chiediamo una speciale cura per noi stesse e per i nostri figli da parte del governo, una speciale protezione dallo stato e dalla società.

Le femministe si battono per conquistare i diritti politici. Anche qui i nostri cammini si separano: per le donne borghesi, i diritti politici sono un modo più comodo e più sicuro per raggiungere i propri obiettivi in questo mondo basato sullo sfruttamento dei lavoratori. Per le operaie i diritti politici sono un passo nel cammino aspro e difficile che conduce al desiderato regno del lavoro.

Le strade delle lavoratrici e delle suffragette si sono separate da tempo. C'è una enorme differenza tra i loro obiettivi. C'è anche una enorme contraddizione tra gli interessi della lavoratrice e quelli della signora, della serva e della padrona...Non c'è e non può esserci alcun punto di contatto, convergenza o conciliazione. Perciò i lavoratori non devono temere che ci sia un giorno a parte per la donna, né speciali conferenze per le lavoratrici né una stampa particolare.

Ogni speciale, distinta forma di lavoro tra le donne della classe lavoratrice è semplicemente un modo per aumentare la coscienza delle lavoratrici e avvicinarle alle fila di quelli che combattono per un futuro migliore. Il Giorno della donna e il lento, meticoloso lavoro condotto per elevare l'auto-coscienza della donna lavoratrice, stanno servendo la causa non della divisione, quanto dell'unione della classe operaia.

Lasciate che un sentimento allegro del servire la causa comune della classe operaia e di lottare simultaneamente per l'emancipazione femminile ispiri le lavoratrici ad unirsi alle celebrazioni per il Giorno della Donna.

venerdì 13 gennaio 2012

Cosa succede veramente dall'altra parte del mediterraneo? Perché hanno bombardato e colonizzato la Libia?  I media ce la raccontano giusta o sono allineati e coperti nelle politiche di chi fa una guerra dopo l'altra? Chi è davvero Gheddafi e chi sono davvero i ribelli di Bengasi? Tra Hillary Clinton e Assad, quale verità sulla Siria. Quale destino per le primavere arabe, quelle vere, quelle false.
Una serata di discussione e dibattito con l'autore Fulvio Grimaldi: un docufilm su rivoluzioni, controrivoluzioni e guerre NATO nel mondo arabo.



Il pub che ci ospita è il “MakiPub”, a Bagnolo (5 minuti dal centro cittadino) in via Boiardo 4/4

venerdì 6 gennaio 2012

Nata il 7 gennaio 1797 a Reggio Emilia, è considerata la prima bandiera nazionale italiana. Così come la repubblica, ebbe vita fino al 17 luglio 1797. La bandiera fu preceduta (1796) da stendardi militari della Repubblica Transpadana ispirati al tricolore francese che Napoleone aveva assegnato ai patrioti italiani che lo seguivano. È probabile che su tale scelta abbia influito l'uniforme della Milizia Civica milanese, i cui militi erano detti remolazzit, dal nome locale di una specie di rapa, per via delle loro divise verdi e bianche. Quando poi la Milizia fu trasformata in Guarda Nazionale, si aggiunse anche il rosso dei baveri, dei risvolti e delle spallette. Sull'emblema centrale, che assunse la forma definitiva il 25 febbraio, figuravano le iniziali della repubblica e un turcasso con quattro frecce, in rappresentanza delle province di Bologna, Ferrara, Modena e Reggio che formarono l'originaria federazione Cispadana.


italcispcispadst

venerdì 18 novembre 2011

fronteistruz

Ieri è stata una giornata bellissima.

Abbiamo sfilato per le strade di Reggio Emilia, compatti ed uniti, per ribadire il nostro secco e irremovibile no al sistema capitalista. La finanza internazionale, che per anni ha mascherato la crisi sempre più profonda del nostro sistema produttivo e sociale, ha ora gettato la maschera.
E lo ha fatto per cercare di puntellare, a modo suo, un mondo fatto di precarietà del lavoro, diritti negati, insicurezza, guerre e sfruttamento.
Non è un caso se il Governo tecnico guidato dall’emissario della finanza internazionale (Rockfeller-Goldman Sachs) Mario Monti ha tra i suoi ministri banchieri, militari e personaggi legati doppio filo agli Stati Uniti d’America e alla Banca Centrale Europea.
Cercheranno di uscire da una crisi sistemica con l’unico metodo che essi conoscono: tagli allo stato sociale, ai diritti dei lavoratori, all’istruzione.
E a rimetterci saremo sempre noi.

Noi che studiamo in scuole fatiscenti, in classi sovraffollate e che ci smisteranno in direzioni già prestabilite: i figli dei ricchi da una parte, che potranno pagare un’istruzione privata, destinati a ruoli dirigenziali. Ed i figli delle classi popolari che andranno ad ingrossare la massa di lavoratori dequalificati e sempre ed ancor più sfruttabili.

Noi che paghiamo rette elevatissime per studiare nelle Università pubbliche e che non troviamo occupazione quando finiamo il nostro percorso formativo. La ricerca scientifica e il merito in questo Paese non interessano purtroppo.

Noi che lavoriamo in nero per tirare avanti, o che continuiamo ad accettare contratti a progetto, di collaborazione ed oltre quaranta tipologie di sfruttamento legalizzato perché altrimenti non sappiamo come campare.

Noi che oggi, 17 novembre, giornata internazionale dello studente ( anniversario degli eccidi nazisti di studenti e professori cecoslovacchi che si opponevano alla guerra imperialista scatenata dalle potenze dell’Asse ) abbiamo rivendicato con forza il diritto allo studio che oggi ci viene sempre più sottratto.
Abbiamo detto no alla ricerca del profitto ad ogni costo. Abbiamo rivendicato diritti che trent’anni fa sembravano acquisiti per sempre e che ora non lo sono più, come i servizi di trasporto pubblico. Un servizio veramente pubblico, alla portata di tutti i cittadini, accessibile come costo ed utile come trasporto.


Ci dicevano che era inutile. Che manifestare non serve a nulla, che costruire partecipazione e dibattito non avrebbe cambiato le cose.
Si sbagliavano di grosso! Lo abbiamo sempre detto, fin dalla prima mobilitazione! Ne eravamo sicuri.
Oggi abbiamo fatto un primo passo, abbiamo ottenuto una piccola vittoria.
Piccola, ma sempre una vittoria. Ed è su questa strada che vogliamo continuare, non ci fermeremo!
Ditelo ai vostri amici, ai vostri conoscenti, ai vostri genitori, ai vostri fratelli.
Oggi abbiamo lottato e abbiamo vinto.

Come diceva Ernesto “Ché” Guevara, grande comunista e rivoluzionario:
                                   

  “Chi lotta può perdere, ma chi non lotta ha già perso!”

Hasta la Victoria! Siempre!

mercoledì 19 ottobre 2011

Particolare di un manifesto del PCI
"La cultura [..] è organizzazione, disciplina del proprio io interiore; è presa di possesso della propria personalità, e conquista di coscienza superiore, per la quale si riesce a comprendere il proprio valore storico, 
la propria funzione nella vita,
 i propri diritti, i propri doveri."
Antonio Gramsci, Socialismo e culturaIl Grido del popolo

"Il PCI nella storia d'Italia"
a Bologna fino al 23 ottobre, ( per info )
"Realismi socialisti. 
Grande pittura sovietica 1920 - 1970"
a Roma fino all'8 gennaio, ( per info ) 



domenica 9 ottobre 2011




Riportiamo la recensione del libro ‘Soviet e Sobornost. Correnti spirituali nella Russia sovietica e postsovietica’, del nostro compagno Marco Costa ad opera di Eleonora Peruccacci su Eurasia.

[…] Come l’Ortodossia è uno dei fattori più importanti della storia della Russia, così anche i destini della Russia determinano il destino dell’Ortodossia russa”. Questa frase di A. Smeman, citata in ‘Soviet e Sobornost. Correnti spirituali nella Russia sovietica e postsovietica’, riassume perfettamente l’intera analisi riportata in questo saggio.
Il lavoro di Costa, lungi dal voler offrire una panoramica storiografica completa sulle varie epoche del periodo sovietico, tenta di fotografare alcuni momenti fondamentali per comprendere la continua riconfigurazione tra potere ortodosso e potere politico.

Assecondando quest’ottica, l’autore ha suddiviso il libro in 4 capitoli, corrispondenti a quattro momenti (o fotografie) nei quali la diarchia politico-spirituale del mondo russo si è articolata ai massimi livelli: gli ultimi anni dello zarismo; il nuovo stato bolscevico; il periodo staliniano, nonché la Russia moderna.
Il primo capitolo, ovvero quello che si concentra sugli ultimi periodi nei quali era ancora “viva” la Russia zarista, focalizza l’attenzione sui nascenti movimenti rivoluzionari (da quelli nichilisti ai social-rivoluzionari, ai bolscevichi). Ciò che emerge è un’interessante accostamento, per ricollegarsi agli intenti insurrezionali e moralizzatori della popolazione russa, fra la figura del missionario e quella del rivoluzionario fino quasi a far sovrapporre le stesse. La fotografia proposta al lettore da Costa viene a delinearsi sempre più nitidamente, paragrafo dopo paragrafo, grazie ai molteplici riferimenti a importanti intellettuali, dell’epoca nonché moderni: James Webb, Savinkov e Berdjaev (solo per citarne alcuni).
L’evidente peculiarità di questo libro risiede nel costante accostamento fra rievocazione storica e analisi filosofico-politica. Ed è proprio tale particolarità che risulta efficace, affinché il lettore si cali nella realtà delle epoche raccontateci e comprenda l’intrinseco e profondo rapporto che risiede fra ciò che appartiene alla sfera politica e ciò che gravita intorno a quella spirituale.
Costa cita, giustamente, la nascita del gruppo denominato Bogostroitelstvo (ovvero ‘I Costruttori di Dio’) quale passaggio fondamentale per la cementificazione fra socialismo e religione, così da far convivere sia le radici più tradizionali che la nuova avanguardia. In questa prima fase, dunque, il lettore riscontrerà una chiara volontà di reinterpretare il sentimento religioso popolare nell’ambito del partito bolscevico.
Il secondo e il terzo capitolo risultano i più interessanti del libro sia per la loro maggiore articolazione che per i numerosi illustri pensatori a cui si fa riferimento. La prima foto che l’autore immortala a favore del lettore è quella dell’epoca leninista e dell’azione pro ateismo post-rivoluzionario. Chi legge il libro si troverà davanti a una rielaborazione analitica nella quale la rivoluzione bolscevica non è contemplata come semplice rivoluzione politica, ma piuttosto come rivoluzione etica. Il bolscevismo, infatti, ci viene presentato come attraversato e permeato da una significativa corrente parareligiosa, che si palesava nelle metafore linguistiche come nelle icone propagandistiche. Il bolscevismo, dunque, si avvaleva di lessico, grammatica e liturgia mutuati dal simbolismo della mistica ortodossa. Così come ha osservato lo storico, citato proprio da Costa nel suo saggio, Steven Merrit Miner “malgrado decenni di risolute campagne ateistiche sovietiche, la fede religiosa, specialmente combinata con il nazionalismo, è rimasta una forza politica e sociale cruciale con tutta l’era sovietica”. Dopo il 1917, dunque, c’è stato un evidente tentativo di instaurare una nuova religione politica; ciò che dovrebbe colpire maggiormente chi legge è lo smascheramento di una mistificazione che vedeva il nuovo sistema bolscevico come nemico di qualsiasi forma di culto.

In effetti, nel 1918 il Soviet Supremo aveva stabilito la rigida separazione fra Stato e Chiesa: la professione religiosa non veniva, quindi, proibita ma solo ridotta a semplice scelta personale da esercitare nella sfera privata. La Chiesa ortodossa si vedeva costretta a rinunciare a qualsiasi privilegio, come l’esenzione dalle tasse. Il sistema leninista riteneva sì che la religione fosse una forma di oppressione spirituale, ma non per questo veniva imposta l’abolizione del culto. La propaganda dell’ateismo era intrinseca al nuovo sistema, non perché la religione fosse dannosa in sé, ma in quanto rappresentazione della forza cieca del capitale.

Costa continua lo svisceramento dell’epoca leninista accompagnando passo passo il lettore grazie a molteplici riferimenti, fra cui “L’abc del Comunismo” di Bucharin.
Come anticipato, anche il terzo capitolo è di grande interesse, poiché si focalizza sull’epoca della svolta ortodossa e patriottica di Josif Stalin. “Allo scopo di assicurare ai cittadini la libertà di coscienza, la Chiesa dell’URSS è separata dallo Stato e la scuola dalla Chiesa. La libertà di praticare i culti religiosi e la libertà di propaganda antireligiosa sono riconosciute a tutti i cittadini”: così recitava l’articolo 124 della Costituzione dell’Unione delle Repubbliche Socialiste Sovietiche del 1947. Costa fotografa per noi una realtà dove stalinismo e religione vanno di pari passo e si intersecano, dove patriottismo e ortodossia sono due facce di una stessa medaglia. La religione ortodossa sarebbe stata, dunque, il simbolo della tradizione delle popolazioni slave, un elemento unificatore. Ogni territorio di occupazione sovietica doveva necessariamente essere omologato dal punto di vista legislativo, e questo implicava anche il coinvolgimento del clero ortodosso (con conseguente controllo sugli istituti di formazione teologica). Il ruolo della religione, dunque, era non solo finalizzato alla riappropriazione dell’identità russa, ma anche al controllo politico sui territori.

L’analisi dell’autore porta, infine, il lettore a riflettere sull’era post-sovietica e offre degli interessanti spunti di discussione. Da Dughin a Limonov, passando per la rievocazione delle opere e del pensiero di Evola, Costa si addentra nell’interpretazione di un’era, quella moderna, che presenta numerosi pensatori nonché scuole di pensiero. La ‘fotografia’ immortala il periodo della perestrojka e della glasnost , ma va anche oltre, spingendosi fino agli anni Novanta inoltrati.


Sarebbero sin troppo numerose da elencare le testimonianze che riguardano la complicata fusione fra spiritualità e patriottismo nell’era comunista post-sovietica. Costa ci offre, dunque, un’ottima sintesi di base da cui partire per approfondire la conoscenza dell’argomento, nonché una buona quantità di riferimenti bibliografici a cui attingere generosamente.


Quest’opera non solo è interessante per l’aspetto innovativo dell’analisi che ci viene presentata, ma anche e soprattutto perché, nonostante sia una lettura breve e scorrevole, va a toccare corde fondamentali quali la re-interpretazione del rapporto fra Stato e religione, e arricchisce il lettore grazie a un punto di vista insolito ma efficace.